Pasamos buena parte de la vida aprendiendo a relacionarnos con los demás. A cuidar a aquellos a los que queremos, a escucharlos, a estar, a pedir perdón e incluso a poner límites cuando es necesario. En definitiva a elegir con quién compartir nuestro tiempo.

Pero hay una relación que empieza antes que todas las demás y que, además, va a acompañarnos hasta el final, la que tenemos con nosotros mismos.

Y curiosamente, no siempre le prestamos la misma atención cuando, en realidad, estás contigo en todos tus días

En los días buenos y en los que preferirías borrar del calendario. Cuando todo sale como esperabas y cuando tienes que improvisar sobre la marcha. En tus decisiones acertadas, en tus errores, en tus cambios de opinión y en todas esas versiones de ti que has ido dejando atrás.
Por eso merece la pena preguntarse de vez en cuando: ¿cómo es vivir conmigo?

La relación contigo se construye en lo cotidiano y sobre todo, en cómo te hablas cuando algo sale mal. En si respetas tus propios límites. En las cosas que aceptas aunque sabes que no te hacen bien. En cuánto espacio dejas para lo que disfrutas y en si eres capaz de parar sin sentir que deberías estar haciendo otra cosa.
Es importante entender que cuidarte no siempre parece autocuidado porque solemos confundirlo. Y es que a veces cuidarte será descansar pero otras muchas será levantarte y hacer algo que no te apetece porque sabes que te hará bien.
Será irte antes porque has de madrugar o quedarte un poco más a disfrutar. Pedir ayuda. Dejar de exigirte llegar a todo. O atreverte por fin con eso que llevas demasiado tiempo posponiendo.
No existe una única manera de cuidarse porque tampoco necesitamos lo mismo en todos los momentos de nuestra vida. Y de alguna manera, con el tiempo he entendido que de eso de trata el autoconocimiento, de aprender a escuchar qué necesitas ahora y no sólo  qué se supone que deberías necesitar.

Algo sucede cuando empiezas a llevarte bien contigo, y es que dejas de construir tu vida únicamente pensando en cómo se ve desde fuera para empezar a preguntarte cómo se siente desde dentro.
Eliges mejor dónde pones tu tiempo, qué conversaciones quieres tener, qué personas quieres cerca y qué ritmo puedes sostener. Pero sobre todo, tienes claro qué cosas ya no necesitas demostrar.
Y poco a poco empiezas a crear una vida que se siente bien mientras la estás viviendo.

No significa elegirte siempre por encima de los demás sino recordar que tú también formas parte de las personas a las que quieres cuidar.

Porque puedes compartir tu vida con muchas personas maravillosas, puedes querer muchísimo y sentirte profundamente querido. Pero hay alguien con quien vas a despertarte cada mañana durante toda tu vida.

Procura que sea alguien con quien te guste estar.

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