Te sientas en el sofá y a los pocos minutos, ya estás pensando en lo que podrías estar haciendo. Ya sea poner una lavadora, contestar ese mensaje que quedaba pendiente o aprovechar para organizar la semana.... incluso cuando tienes un rato libre, muchas veces, aparece la necesidad de llenarlo. Y si alguien te pregunta qué has hecho durante la tarde, a veces respondes con cierta culpa: " Sinceramente, nada.. "

Como si descansar necesitara una explicación.

¿Por qué nos cuesta tanto descansar sin sentir culpa?

Creo que nos hemos acostumbrado tanto a aprovechar el tiempo que hasta buscamos la manera de hacer útil una pausa. A ver si te suena.. me doy un paseo y así aprovecho para escuchar un pódcast del que aprender algo, me tumbo un ratito a leer para mejorar en algo o me tomo un domingo tranquilo para coger fuerzas y así rendir más el lunes...

Es como si sintiéramos que cada momento tiene que servir para conseguir algo, como si el tiempo solo estuviera bien empleado cuando podemos demostrar que hemos hecho algo con él.

Y, sin darnos cuenta, acabamos convirtiendo incluso nuestros momentos de descanso en otra tarea pendiente.

Pero no todo lo que hacemos tiene que tener un propósito. A veces, disfrutar es motivo suficiente.

También podemos hacer algo por el simple placer de disfrutarlo. Son momentos pequeños, de esos que pocas veces contamos cuando alguien nos pregunta qué hemos hecho durante el día. Y, sin embargo, pueden ser algunos de los que más disfrutamos.

Descansar no deja de ser permitirnos estar donde estamos, sin pensar constantemente en lo siguiente. Sin horarios, sin objetivos y sin sentir que deberíamos estar aprovechando mejor el tiempo.

Aprender a descansar también es aprender a parar

Aunque a veces nos cueste más de lo que pensamos, porque si bien el cuerpo tiene mejor capacidad para acomodarse,  la cabeza en muchas ocasiones, sigue repasando pendientes.

De repente, recordamos ese correo que no hemos contestado, algo que dejamos a medias o todo lo que tendremos que hacer mañana. Y aunque tengamos tiempo para nosotras, no siempre conseguimos disfrutarlo. Si quieres un truco, ten siempre a mano papel y lapiz y cuando tu cabeza empiece con estas listas de "To do" escríbelas en un papel. Verás como la mente se relaja. 

Aprender a concedernos ese rato puede empezar con algo pequeño. Prueba a dejar el móvil lejos, ponernos cómodas y permitir que alguna tarea espere. Sin exigirle a la pausa que nos vuelva ni más creativas, ni más eficientes ni mejores en nada.

Simplemente porque nos apetece.

Porque descansar no debe ser sólo una recompensa por haber hecho suficiente, forma parte de disfrutar de nuestra vida.

En Ecóccole pensamos en esos momentos cuando creamos nuestras prendas.

En llegar a casa, darse una buena ducha y ponerse ese pijama cómodo con el que apetece quedarse un rato más en el sofá. En las mañanas sin prisa, los domingos tranquilos y esas tardes en las que el mejor plan es no tener ninguno.

Nos gusta pensar que la comodidad también tiene algo que ver con sentirnos a gusto, con disfrutar de nuestro espacio y con regalarnos momentos que no necesitan nada más.

Porque a veces el mejor plan es, sencillamente, quedarse en casa y disfrutar.

Y si después alguien te pregunta qué has hecho durante la tarde, quizá puedas responder sin sentir que tienes que justificarte, "He estado descansando".

Porque descansar también es una forma de disfrutar del día. 


Dejar un comentario

×